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-Opinión-

Del Burgo y el árbol de Gernika

Manuel Martorell

El Mundo 31/10/2005

En junio de 1998 mantuve una entrevista con Jaime del Burgo Torres, padre del diputado navarro Jaime Ignacio del Burgo, sobre el grado de implicación de los requetés en actos de represión durante la Guerra Civil y, concretamente, sobre su papel en la suerte que corrió el dirigente comunista navarro Jesús Monzón Reparas, que logró salvar la vida al refugiarse en una casa de la capital navarra el 19 de julio de 1936. del Burgo tenía entonces 88 años, su salud era muy débil, apenas podía ver y se valía de una lupa informática para escribir en el ordenador lo que, seguramente, serían los últimos trabajos de su vida.

Su fallecimiento el lunes de la semana pasada ha aflorado perfiles biográficos centrados en sus aportaciones literarias e históricas pero, generalmente, se ha olvidado su proyección política que, en algunos aspectos, aclara la intervención del Carlismo en la guerra española.

En nuestro encuentro, por ejemplo, me confirmó que el 19 de julio, poco antes de partir par el frente, vio a Jesús Monzón y a su amigo Juan Arrastia, dirigente navarro de la UGT, esconderse en un portal de la avenida Carlos III y que, deliberadamente, no denunció este hecho, como tampoco lo haría meses más tarde cuando se topó en la calle con dos militantes izquierdistas con los que había tenido un serio altercado antes de la sublevación contra la República.

Del Burgo explicaba que salió de Pamplona hacia Madrid la tarde del día 19 con la Columna de García Escames y no regresó, salvo para ser atendido el 17 de junio de 1937 de una grave herida sufrida cerca de Bilbao, por esas fechas, la espiral de violencia había remitido considerablemente. También aseguraba que en los tres años de guerra no había participado en fusilamiento alguno, coincidiendo así con otros oficiales carlistas, algunos de os cuales hacían referencia a una orden emitida por Manuel Fal Conde, máximo representante de la Comunión tradicionalista, para que los requetés no intervinieran en este tipo de represalias.

En su libro Conspiración y Guerra Civil, recuerda en este sentido, que el coronel Bautista Sánchez, le llamó la atención precisamente por no entregar prisioneros. “¿No creerá, mi coronel, que los fusilamos?”, le dijo Del Burgo. “ No; ya lo sé. Pero hace algo muy peligroso: se los queda”, le contestó su suprior quien, pese a ello, no tomó medida alguna contra Del Burgo. E esta obra menciona igualmente el caso e otro mando requeté, Jaime Lasuen, miembro e una familia carlista exiliada en Francia, que se negó a fusilar a varios comunistas franceses argumentando que él había combatido en el Ejército galo en la gran Guerra y eso le impedía fusilar a súbditos franceses.

Jaime Lasuen volvería a luchar al lado de la Resistencia Francesa contra la ocupación nazi, como hicieron otros ex requetés “franceses” y el propio pretendiente carlista Javier de Borbón Parma, que fue enviado por la GESTAPO al campo de exterminio de Dacha.

Informe

En una ocasión durante esta conflagración mundial, Lasuen visitó a Del Burgo para entregarle un informe que puso a buen resguardo cuando se dio cuenta de que policías españoles que colaboraban con la GESTAPO seguían las huellas de su amigo.

Bautista Sánchez, conocido por sus ideas antifranquistas y que moriría en extrañas circunstancias, tuvo que intervenir para que no pasara a mayores un enfrentamiento entre Del Burgo y un teniente coronel de Artillería con motivo del bombardeo de Guernica.

El navarro había criticado abiertamente la operación aérea, saliéndole al paso el citado teniente coronel diciendo que eso era lo que había que hacer “con todo el País Vasco y con Cataluña”. “ ¡¡Y con tu puta madre!!”,le contestó Del Burgo, elevando el tono de una discusión que terminó llegando a las manos.

Tras amonestar a ambos, Bautista Sánchez comentó a asolas con Del Burgo que compartía sus sentimientos, le pedía que así lo transmitiera a sus requetés y le informó de que el general Mola estaba indignado por lo ocurrido.

En ese momento, del Burgo era capitán del Tercio de Begoña, unidad de voluntarios vizcaínos que había ayudado a formar llamando al alistamiento en nombre del tradicional Dios, Patria, Fueros, Rey. “Uníos a nosotros-decía una proclama redactada por él mismo- porque los fueros serán respetados”. Este tercio fue e las primeras unidades que entraron en Gernika tras el bombardeo.

Del Burgo se enteró de que los falangistas se disponían a cortar el árbol con hachas, por o que mandó formar un cinturón de requetés armados y con bombas de mano para proteger el viejo roble y la Casa de Juntas. Muchos años más tarde el jefe de aquella centuria le confirmó aquel hecho y que esa protección impidió que desapareciera para siempre el árbol bajo el que juraban los Fueros los reyes de la Dinastía Proscrita.

Por estas y otras razones, Del Burgo, durante nuestra entrevista, se mostraba profundamente dolido porque se le señalara, junto a Manuel Fal Conde, como responsable directo de la represión en Navarra. Siempre se declaró contrario a la unificación de FET y de las JONS, a los sistemas fascistas y fue denunciado por no hace el saludo fascista.

Como muchos carlistas, solía decir, que él no salió en 1936 para implantar una dictadura franquista y que Esaña seguiría siendo una República si no se hubiera atacado a la Iglesia, porque el Carlismo no habría apoyado la sublevación y, sin los requetés, el movimiento militar estaba condenado el fracaso.

Manuel Martorell

 
 

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