Mina |
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José Ángel Pérez-Nievas Abascal
El pasado día 24 Pedro Arrese en sus Efemérides se ocupaba de Mina y hacía alguna mención de su enfrentamiento con Zumalacárregui en la batalla de Larremiar y señalaba que también había cometido atrocidades... Sus restos descansan hoy en el claustro de la Catedral de Pamplona, y nosotros, que somos tan iconoclastas, y muchos ejemplos hay de ello en todos los órdenes y sentidos, no quiero particularizar, hemos respetado ese acogimiento a sagrado de Mina. Como tantos siguen a Pedro Arrese en sus comentarios creo sería conveniente hacer una pequeña síntesis de lo que fue su vida. De Idocin y de cultivar sus tierras pasó a incorporarse al corso terrestre, guerrilla contra los franceses que a principios del siglo XIX se derramaron por toda la península con la excusa de pasar a Portugal, que había creado su sobrino Javier Mina, conocido como El joven para distinguirlo de su tío. Al ser apresado éste por los franceses, su tío se hizo cargo de la partida, e incluso añadió a su apellido el de su sobrino, de ahí que fuera conocido por Espoz y Mina. Terror de los franceses, también lo fue de los pueblos de Navarra a los que imponía enormes cargas para mantenimiento de sus fuerzas, incluyendo la Baja Navarra, donde cuando podía entraba a sangre y fuego llegando hasta San Juan de Pie de Puerto. Tal vez para vengar las barbaridades que el jefe de la Policía francesa en Pamplona, Mendiri, natural de la capital bajonavarra, cometió en la Cuenca. Y para recordarlo basta acercarse a la lápida que en un pequeño montículo en las inmediaciones del hipermercado Leclerc homenajea a las varias decenas de navarros mandados arcabucear por él. Arrojados los franceses tras la batalla de Vitoria se proclamó la Constitución de 1812, de tan tristes recuerdos para Navarra, y según cuenta la leyenda, pero que según José María Iribarren parece ser historia, Espoz y Mina mandó fusilarla en plena Plaza del Castillo, colocando un ejemplar de la misma en una silla, y mandando disparar sobre la misma. Siguió al igual que otros muchos que lucharon en aquella tremenda contienda la carrera militar y tuvieron parte muy importante en la historia del siglo XIX español, no sólo en la península y las islas, sino también en el continente americano. A nuestro personaje los avatares de esa época lo llevaron al exilio, a sublevarse, a desempeñar distintos cargos, y ya en el ocaso de su vida a tomar parte en la primera guerra carlista, al frente de fuerzas liberales, dando fuego a Lecároz y fusilando a todos sus hombres cualquiera que fuera su edad según unos, diezmándolos según otros y a unos cuatro o cinco según la última opinión. Una barbaridad, de cualquiera de las maneras, por el enorme delito de haber permitido que los voluntarios de Zumalacárregui hicieran fuego desde el pueblo contra sus fuerzas. Pero el mayor crimen cometido por Espoz y Mina, al mando de la Capitanía General de Cataluña, haber dado el visto bueno a la orden de fusilamiento de María Griñó, madre de Cabrera, por el enorme delito de no haber sido capaces de apresar a su hijo, que tantas derrotas les estaba infringiendo en el Maestrazgo. Fusilamiento con especial ensañamiento, no permitiéndole, que lo solicitó, confesar y recibir los últimos auxilios espirituales antes de su fusilamiento. Enseguida pasaron los ecos de esa barbaridad, y a la muerte de su esposa, que retenía el cadáver y en medio de grandes homenajes, fuera enterrado en el mausoleo que se le tenía preparado donde hemos dicho. El fusilamiento hizo que Cabrera tomara terribles represalias sobre esposas de militares liberales que mantenía presas, y eso que le apelaran El tigre del Maestrazgo, fama de sanguinario y que tuviera que vivir y morir en el exilio. |