A Dios Rogando y
con el Mazo Dando |
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JESÚS Mª ARAGÓN SAMANES De vez en cuando la vida nos muestra su rostro amable, nos regala una sonrisa, y así nos da la oportunidad de reconciliarnos con ella y de gozar y de disfrutar el momento. Es lo que nos ocurre estos días a los compañeros del Partido Carlista y queremos compartir nuestra alegría con el resto de la sociedad. Y es que los tribunales de justicia han reconocido como víctimas del terrorismo a Ricardo y a Aniano, vilmente asesinados en el Montejurra'76. Lo que era obvio para nosotros, el clamor de mis colegas del partido, de mis hermanos del pueblo carlista, de mi familia la humanidad sufriente, ha tenido eco por fin. Hay por ahí una sedicente fundación de víctimas del terrorismo, presidida por aquél que prometía tanto y cuanto, y otras similares, que no han movido un dedo para que ese reconocimiento sea, por fin, público. No es un reproche a las víctimas, que tienen asegurada mi solidaridad y la de los compañeros del Partido Carlista, sino a sus dirigentes, que malgastan el dinero público de las subvenciones en comilonas y actos de autobombo y propaganda para estar en el escaparate de los papeles y de las ondas. Zorros que cuidan gallineros ajenos. La constancia de unos pocos, y su ajuste a la realidad de los hechos, ha conseguido el deseado fruto, y nos place. ¡Alguna satisfacción teníamos que tener también la gente corriente alguna vez! Ya lo dice el refrán: A dios rogando y con el mazo dando. Si hubo unas víctimas del terrorismo es porque fueron causadas por unos terroristas. En el libro que editó el Partido Carlista, así como en el sumario del juicio público que queríamos y que los de siempre impidieron que fuese, aparecen los Fraga, Della Chiae, Suárez, Sixto de Borbón-Parma, Jean Pierre Cherid, Arturo Márquez de Prado..., y la caterva de rufianes, todos del mismo pelaje, que nos atacaron con armas asesinas. Su grado de responsabilidad va parejo al de su participación en el acto criminal, bien por acción, bien por omisión, como la clamorosa pasividad de las entonces llamadas Fuerzas de orden público que, en realidad, protegieron a los atacantes. O sea que de la angelical lindeza salida de la sucia boca del inefable Alfonso Osorio de "calentamiento de ánimos y enfrentamiento entre correligionarios", ¡nada de nada! Este tipo de individuos suele apelar al juicio de la historia para no rendir cuentas a sus coetáneos, a nosotros los seres históricos concretos, la gente corriente, que tenemos que esforzarnos para que nuestro derecho sea respetado, no tirar la toalla, y no dejarles que se salgan con la suya. Y como es momento de alegría, no haré mía la apreciación "caiga su sangre sobre vuestras cabezas, las cabezas de vuestros hijos, y sobre las de los hijos de vuestros hijos", porque esa banda de indeseables y desalmados no me va a apartar un pelo de mi ser carlista. Por eso, desde estas líneas hago un llamamiento para que juntando nuestras manos consigamos abrir las puertas de par en par y así pueda pasar a sus anchas, y de la mano también, la justicia y su hermana la paz. ¡Y en ese empeño no os rindáis nunca, hermanos míos! Para que las privaciones que padecemos, y que antes padecieron nuestros padres, infligidas por los mismos de siempre, no pasen a la siguiente generación. ¡No os rindáis nunca! |