Terrorismo
de primera, de segunda... y de tercera |
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FELICIANO VÉLEZ MEDRANO DESDE la época en que bajo la responsabilidad del Partido Socialista actuaron impunemente los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), no habíamos visto un espectáculo tan lamentable, un juego tan sucio, como el que está protagonizando el Gobierno central para destruir la alianza progresista de la Generalitat catalana utilizando con fines partidistas los servicios secretos del Estado. Resulta más que indignante que se hayan usado informes del Centro Nacional de Inteligencia, que deben estar al servicio de toda la sociedad, como arma política en plena precampaña electoral, pero mucho más grave es comprobar, de nuevo, que el Partido Popular no tiene reparo alguno en hacer del terrorismo y de la sangre derramada por ETA el centro de su campaña electoral, que, en el caso de Navarra, está indisolublemente unida a la de Unión del Pueblo Navarro (UPN). No cabe duda de que buena parte de los votos que se consiguen actualmente en unas elecciones dependen de los recursos económicos y de la capacidad propagandística que los partidos pueden transmitir a través de los medios de comunicación, pero arrebatar votos con estas malas artes, con artimañas de este tipo, más propias de los más tenebrosos fondos de reptiles que de partidos democráticos, invalidan moralmente tanto a sus beneficiarios -en este caso la alianza UPN-PP- como todo el proceso electoral. Pero la forma en que el PP y los partidos que van de su mano hacen frente a esta lacra de nuestras sociedades también revela, una vez más, por si alguien todavía no se había dado cuenta de ello, el doble rasero del Gobierno central en torno al problema del terrorismo. Todavía no se han apagado los ecos del Congreso internacional de víctimas del terrorismo celebrado, a bombo y platillo, en Madrid bajo el patrocinio y organización del Gobierno del PP. De nuevo se nos ha recordado aquí que el terrorismo es igual en todo el mundo y que todos estamos obligados a defender a las víctimas, sin exclusión. Pero eso no es cierto y nosotros, los carlistas, lo sabemos muy bien porque lo hemos sufrido recientemente en nuestras carnes. Nadie, absolutamente nadie entre los organizadores de este congreso se ha acordado de que una sentencia judicial acaba de certificar que los sucesos de Montejurra de 1976 fueron un acto de terrorismo y que quienes dispararon contra los asistentes a aquella concentración multitudinaria integraban una banda armada. Es más; en el juicio, los letrados del Gobierno del PP defendieron, a capa y espada, que aquellos hechos no tenían nada que ver con el terrorismo, pese a que los abogados carlistas de las víctimas demostraron lo contrario sacando a relucir, precisamente, documentos oficiales en los que se señalaba como terroristas no sólo a aquellos pistoleros sino a otros que quitaron la vida a personas cuyos familiares tampoco han sido invitados a tan encumbrado y publicitado evento internacional. Pero la hipocresía del lenguaje del PP, y por lo tanto también de UPN, no se detiene aquí. De forma insistente, hasta machacona podríamos decir, se nos ha repetido en Pamplona, Bilbao, Madrid, Washington o Diwaniya que no hay diferencias en el asunto del terrorismo, que la misma gravedad tiene aquí que en Bagdad, Estanbul, Belfast o Nueva York. No es cierto; no es cierto que para el PP el terrorismo sea igual aquí que en Valdivostok. Es bien conocido, aunque no suficientemente publicitado, que algunos regímenes a los que el Gobierno del PP no duda en mostrar públicamente su apoyo están directamente vinculados al terrorismo internacional. Hay dos casos especialmente sangrantes: el de Turquía, importante aliado en la OTAN, y el de Irán. El Gobierno y el Ejército de Turquía han sido denunciados repetidamente por las prestigiosas organizaciones Human Rights Watch y Amnistía Internacional por apoyar grupos terroristas que, como el Hezbolá turco, han asesinado a cientos de dirigentes kurdos, intelectuales y mujeres progresistas. De las implicaciones del Ejército turco pueden dar buena cuenta las propias fuerzas norteamericanas en Irak, que se han visto obligadas a detener y expulsar del país a decenas de militares turcos por este motivo. Mucho más graves son las excelentes relaciones con Irán, la cúpula de cuyo régimen ha sido condenada en los tribunales alemanes por ordenar el asesinato de dirigentes de la oposición en el exilio, tal y como ocurrió en el llamado caso Mykonos. Solamente el Partido Democrático del Kurdistán de Irán (PDKI), integrado en la Internacional Socialista, ha perdido en los últimos 20 años dos de sus secretarios generales y cerca de 200 militantes por acciones de este tipo, tanto dentro como fuera de las fronteras de Irán. Ninguno de sus familiares, lamentablemente, estaba representado en el congreso de víctimas de Madrid. Pese a ello, pese a que parece indudable la intervención de los servicios secretos iraníes en las más graves acciones terroristas desencadenadas en Irak, como la de este domingo en el Kurdistán, el Gobierno del PP no solamente no ha tomado ninguna iniciativa contra ese régimen sino que uno de sus máximos representantes, el presidente Jatami, ha sido recibido con todos los honores por el presidente Aznar en La Moncloa y por el rey Juan Carlos en el Palacio de La Zarzuela. Para el PP, hay pues no sólo un terrorismo de segunda, el de los sucesos de Montejurra y otros casos parecidos, sino también un terrorismo de tercera, de cuyas víctimas ni siquiera se habla, y, por supuesto, el terrorismo de primera, el que tiene pedigrí, el que se puede explotar electoralmente. |