Gobernadores civiles y Consejo Foral
Cerrar

(Por José Ángel Pérez-Nievas, Partido Carlista de Euskalherria-EKA)

DÍAS pasados leía en una de las Efemérides de Pedro Arrese los comentarios sobre la muerte de un virrey y los comentarios que Tomás Urzainqui le había hecho de las relaciones tirantes que siempre habían existido entre los virreyes y el Reino. Coincidiendo con ello recordé un trabajo del catedrático de la UPNA Alberto Pérez Calvo sobre los delegados políticos del Gobierno central en Navarra a partir de la Constitución de 1812, para acabar con los gobernadores civiles, asumiendo además las funciones de jefes provinciales del Movimiento (partido único en tiempos de Franco). Y de la unión de ambos recordé un hecho, que pone de manifiesto hasta qué punto había obcecación en mucha gente, obcecación que, pese al tiempo transcurrido, persiste.

Como soy un guardador compulsivo de papeles, desgraciadamente no demasiado ordenados, busqué el acta de la última sesión del Consejo Foral del año 1971, concretamente del 29 de diciembre, la encontré y reverdecí los recuerdos de la misma, y me permite contar la anécdota.

El gobernador civil, además jefe provincial del Movimiento, era el dueño y señor. Piénsese, por ejemplo, en 1976, cuando los sucesos de Montejurra, reconocido ahora judicialmente que intervino una banda terrorista, a sus miembros, les reservó habitaciones en el Hostal Iratxe de Ayegui la secretaria del gobernador, y por tanto se negaron a dar sus nombres en recepción, y en el sumario ese hecho planteó serios problemas de identificación, y tampoco quedó muy claro quién había pagado las reservas. De la misma manera pese a las denuncias formuladas ante él, de la existencia de gente armada, y la solicitud de protección para los que acudieran al monte para el vía crucis, hubo un despliegue de la Guardia Civil y Policía Armada, desconocido, pero con órdenes, al parecer, de no intervenir...

UNA vez expuesto lo que era el gobernador civil en aquellos años, que para demás escarnio, era el presidente de la Diputación, pues lo más que tenía Navarra era la vicepresidencia y los encontronazos con la Diputación eran constantes, siendo muy de señalar, por su descaro, los tenidos con Valero Bermejo, creo que en los últimos años cincuenta o primeros sesenta del siglo pasado. Por cierto, las cosas son como son, el mismo que en una concentración de ex combatientes en la sierra de Alcubierre, en la mañana del 9 de mayo de 1976, gritó: "En estos momentos se está reconquistando Montejurra para España". Auténtico, y están las hemerotecas para comprobarlo. Así llamaba a los asesinatos que impunemente se estaban cometiendo.

En ese año se habían producido dos hechos, elecciones a las Cortes de Madrid y nombramiento de Fortún diputado por Navarra, de la que formaba parte un diputado foral, el Estella de subjefe provincial del movimiento, y por tanto a las órdenes directas y subordinado al gobernador. En las elecciones, frente a una candidatura oficialista, eran dos, el Partido Carlista oficiosamente presentó otra. Fue una inundación de propaganda salida de la Diputación a ayuntamientos, maestros, médicos, cámaras agrarias etcétera, y enviada por correo empleando la máquina de timbrar de la Diputación, recomendando el voto a favor de la oficialista pues así lo exigían los intereses de Navarra, decían. Y, efectivamente, terminó con el triunfó de la propugnada por la Diputación y de la que formaba parte uno de sus miembros y una querella admitida a trámite contra cinco de los siete diputados, por delito electoral.

Cuando se convocó la reunión del consejo foral, nos reunimos Mariano Zufía, Carlos Garaikoetxea, José María Monreal, Nieves Errazquin y el que suscribe, y pensamos que de alguna manera había que hacer pública la protesta por los hechos que han quedado expuestos, a cuyo efecto se acordó que aprovecharíamos el turno de ruegos y preguntas, comenzando yo con la designación y aceptación del cargo de subjefe provincial del Movimiento por un diputado, y siguiendo Monreal con lo relativo a la actuación de la Diputación en las elecciones.

PREPARÉ cuidadosamente mi intervención, que lógicamente había de ser en el turno de ruegos y preguntas, me apoyaba en los términos que empleó la Diputación, en la exposición de motivos de la creación del consejo foral, que textualmente decía que "con el transcurso del tiempo, las instituciones más puras tienden a corromperse...", y que desgraciadamente eso se había producido, y terminaba señalando que la solución tenía que ser, para tranquilidad de Navarra, que ya que se había antepuesto ser subjefe provincial del Movimiento a ser diputado de Navarra, dejara esto último... Nada más empezar, ¡la que se armó! El presidente don Amadeo Marco me retiró la palabra porque decía que no estaba en el orden del día. Al insistir que los ruegos y preguntas no estaban sujetos a él, y pretender seguir, me cortó nuevamente, asegurando que lo que iba a tratar no era competencia del consejo foral, sin haber oído lo que quería decir, terminando con la amenaza de que podían privarme de la condición de consejero foral. A todo esto, Fortún se abalanzó sobre mí, imprecándome, y organizándose una gran algarabía. Cuando aquello se tranquilizó, indiqué que las razones serían otras que las manifestadas, pues siendo el señor Huarte presidente, en otra sesión del Consejo, alguien propuso, -y no venía en el orden del día- que se diera un voto de gracias al jefe del Estado, y la presidencia permitió que se expusiera la petición. Pese a ello, por supuesto, me retiró el uso de la palabra. Hubo algún otro ruego o pregunta y a continuación José María Monreal pidió la palabra y, una vez concedida, comenzó diciendo que aun sabiéndose amenazado de expulsión, según había indicado el presidente, no podía menos que preguntar por la serie de anomalías ocurridas en las últimas elecciones por el Tercio de Cabezas de Familia... ya no pudo seguir. Repetición de lo anterior, terminando el presidente levantando la sesión.

¿Han cambiado las cosas con los delegados del Gobierno? Somos mayorcitos como para que nos vigilen, pero entonces y ahora parece que hay gente que no piensa así.